Cuatro años después del punto álgido de la pandemia de COVID-19, el exceso de mortalidad sigue presente y afecta significativamente a la industria aseguradora. Según un informe del Swiss Re Institute, si no se consigue mitigar el impacto de la enfermedad, las tasas de mortalidad en Estados Unidos podrían permanecer hasta un 3% más altas que antes de la pandemia, y un 2.5% más altas en el Reino Unido, hasta 2033. Para las aseguradoras, esto implica un desafío en la evaluación y gestión del riesgo, especialmente en el contexto de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otras comorbilidades aumentadas por la pandemia.
La situación demanda que las aseguradoras ajusten sus estrategias, afectando la tarificación, las expectativas de mortalidad y la constitución de reservas. La pandemia también ha impactado indirectamente al exacerbar condiciones como la hipertensión y los problemas cardiovasculares, agravados por las interrupciones en los sistemas de salud. Esta realidad resalta la necesidad de adaptar el apetito de riesgo y las políticas de suscripción de las compañías aseguradoras.
A pesar de estas dificultades, el informe del Swiss Re Institute ve una oportunidad para las aseguradoras de promover activamente la salud entre sus asegurados. Los programas de prevención, el fomento de estilos de vida saludables y el uso de tecnologías para el monitoreo de la salud pueden jugar un papel clave en la reducción del exceso de mortalidad y mejorar la longevidad de los asegurados. Estas medidas no solo buscan mitigar las pérdidas financieras, sino también fortalecer el compromiso con la salud pública en un período postpandémico.

